Hasta siempre Hna Beatriz

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¡Cincuenta y cuatro años en la India!

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Muchos de vosotros queridos padrinos y amigos de PROKARDE, conocéis a la Hna Beatriz Martínez, misionera en la India desde hace 54 años.

Muy comprometida con las niñas, con la mujer, con el pueblo de la India.

Trabajó en los internados y en los dispensarios, en la promoción de la mujer en el gobierno y formación de las jóvenes indianas con vocación al Carmelo Misionero.

Mujer sonriente, con un fuerte carácter, persuasiva. Desde el inmenso cariño que la tengo yo la definiría como “envolvente”, te llevaba allí donde ella quería. No se rendía a la primera, ni a la segunda, era como esa gota insistente sobre la roca que suave y pertinazmente acaba ahondándola sin apenas percibirlo.

Muchos son mis recuerdos de sus estancias en España cuando venía a descansar; ¿descansar? ¿Acaso conocía ese verbo?: Acompáñame a Manos Unidas, vamos a ver al Cardenal Osoro, hoy he quedado en la Delegación de Misiones, o con aquella madrina, o ese señor que nos ha ayudado a construir los pozos.

Su hermana vivía en Madrid y a su sobrina la traía de acá para allá los días que nos visitaba.

Lo mismo iba para el norte, qué para las Islas; allí donde podías encontrar una ayuda, un dar las gracias, allí te presentabas, con tu sonrisa, con tu risa, con tu picardía, con tu seducción…

Hace poco más de un año pude visitarle en la India. Aquel campo inmenso de Lemón Grace, esa agua que no acababa de llegar, de ser suficiente; ese pozo y ese otro pozo, y esas mujeres encandiladas con el proyecto.

Cuantas risas y cuántas discusiones, y ella volvía a la carga una y otra vez.

Mas de ochenta años, una salud quebrada, un bastón, Joseph y el cuatro por cuatro y, nada se le ponía por delante.

Vino a España en enero porque tenía que operarse sin más dilación. Esa hernia de hiato se cerraba y apenas ya le dejaba hacer una comida decente. Unas fiebres que no se sabía de donde venían y… el coronavirus.

No ha llegado a una semana. En aislamiento en el hospital Universitario de la Fundación Jiménez Diaz y, se ha ido.

Beatriz, tu muerte nos pilla por sorpresa: yo estoy bien, estoy bien, nos decías por teléfono y de repente, dejaste de estar bien y allí mismo oíste la llamada de Aquel por el que has dado tu vida. Me atrevo a imaginar que te resististe un poco, que habrías querido despedirte de nosotras, de tantos amigos, de tantos colaboradores. Pero el Señor tenía otros planes y nos has dejado con la imagen de tu sonrisa, de tu picardía, de tu fortaleza.

Beatriz sigue cuidando de nosotros desde la presencia del Padre de Dios que tanto te mimó en vida. Cuida de tus indianos, de tus hermanas, de tu familia, de PROKARDE y sigue mandándonos tu entusiasmo desde el cielo.

Os dejo con sus propias palabras. Nos las mandó y se publicaron ya hace unos años.

Gracias Beatriz por tu vida, por tu entrega, por tu empeño.

Mª Victoria (Charo) Alonso

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MISIÓN EN INDIA

Me complace echar una mirada retrospectiva a los momentos, ya lejanos de mi llegada a la India. Era, Mayo de 1966, el choque de contraste en todos los sentidos fue algo que permanece grabado en mi consciente con una frescura que nadie puede borrar.

Mi primer viaje a la India fue por barco; once días a través del apacible Mediterráneo; pasé del Canal de Suez para entrar el Pacífico que, en aquellos días de finales de mayo, ya estaba zarandeado por los vientos premonzónicos.

El 30 de mayo anclamos en el amplio Puerto de Bombai, aquel día cumplía yo 27 años; mi emoción me ayudaba a superar todo el complejo de desafíos que se iban presentando; hacía un calor aplastante, las calles de Bombay bullían con gentíos impresionantes, la cultura India!... algo difícil de explicar por la enorme complejidad de todo lo que me rodeaba; el clima, la lengua, las comidas, la forma de relacionarse socialmente, … todo era nuevo y desconcertante.

Mi destino era la ciudad de Junagadh, una Fortaleza musulmana desde tiempo de los Navás (dominio musulmán); en esta ciudad, mi trabajo era el servicio a un albergue de pacientes leprosos que se reunía en este lugar por ser un punto de atracción para estos pacientes que la sociedad excluía y tenían que vivir de la mendicidad.

La condición de vida de la mujer me marcó desde el principio, de forma que, en mi mente se formó una exigencia de dedicarme de una forma prioritaria a liberar a la mujer de la muchas cadenas que la sociedad les imponía.

Me he dejado llevar por esa exigencia interior de asistir al más excluido de los derechos humanos; el gran conjunto de tal segregación es claramente la mujer y la niña.

En estos momentos, a los cuarenta y siete años de mi servicio misionero, me consuela ver cientos de niñas, procedentes de tribus aborígenes, ignoradas en selvas, que han podido realizar sus estudios, y ahora llevan una existencia de servicio profesional a sus clanes iniciales.

Por supuesto, todo este trabajo de promoción humana, se ha podido realizar gracias a la colaboración de muchas personas generosas que están dispuestas a involucrarse en estos programas de ayuda: MISION EN INDIA.

Gracias a todos y cada uno de vosotros que hacéis posible el proyecto, el milagro. GRACIAS. 

25 de mayo de 2013 

Hna Beatriz Martínez CM