2017 Experiencia en Nicaragua

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Con mucha gratitud quiero compartir algunas pinceladas de mi rica experiencia en nuestra comunidad de Chiquilistagua- Managua, Nicaragua (julio- septiembre). 

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El hecho de poder compartir la vida y la misión con las hermanas, laicos y otras congregaciones (franciscanos, claretianos) en una realidad más sencilla y fuera de Europa, me abrió más a la dimensión misionera tan presente en nuestro carisma.

Hace 20 años, siendo postulante, recibí una camiseta del colegio de Chiquilistagua, entonces ni sabía pronunciar el nombre de esta comarca de Managua. Este año verdaderamente como una gracia y don se me ofreció conocer más de cerca esta obra. Sin duda alguna, faltan palabras para expresar los ecos de lo vivido, sin embargo, me gustaría recalcar temas que creo fundamentales para crecer en pertenencia y dinamizar nuestro espíritu fraterno y misionero. 

Una comunidad intercultural 

Procedentes de varios países (El Salvador, Costa Rica, Puerto Rico, Estados Unidos), las cinco hermanas que forman la comunidad crean un ambiente donde hay espacio para el compartir desde la liturgia y alrededor de la mesa, para la reconciliación mutua, para la distensión comunitaria y acogida de los más necesitados y otras personas que se acercan a las puertas de la casa.  Una comunidad de formación inicial (juniorado) y permanente. La comunidad envia para la misión (a las 7 inician las clases en el colegio ¡muy de madrugada!) y a la vez fraternalmente cobija después de varias horas dedicadas a los niños y chavales. 

La educación y formación 

La misión de la comunidad de Chiquilistagua es muy amplia, aunque se centre en la atención a los casi 1400 niños y adolescentes de nuestro Colegio Técnico Niño Jesús de Praga. La misión compartida con los laicos (subdirectores, profesores, personal administrativo y de manutención, algunos padres de familia, ONG, CMS) es muy bonita ya que responde fundamentalmente a los anhelos que tenía nuestro Padre Fundador: la formación humana y cristiana de los adultos a través de la Escuela de la Virtud principalmente.

Y la vida del colegio: ¡un molino! Clases, proyectos cientificos, paseos, desfiles y actos cívicos por Fiestas Patrias (14-15.09), Feria Saludable de Alimentación, campaña: “Yo quiero mi Nicaragua limpia”; el grupo del CMS ¡muy juvenil!, su formación, convivencias y retiros, la participación en la “Gritería Chiquita” (15.08); el cafetín, el comedor, una pequeña papelería con la mercancía más útil para los alumnos… ; y las obras de ampliación y de manutención del colegio… 

 

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Atención a los más necesitados… 

…niños y sus familias que viven en casitas de zinc, alumnos que muchas veces vienen al colegio sin desayunar, adolescentes con bajo nivel de autoestima, familias desestructuradas, jóvenes que en vez de estudiar trabajan duramente para atender a su familia, personas que se acercan para recibir ayuda (arroz, frijoles, azucar) que brindan las asociaciones y organizaciones nogubernativas por medio de las hermanas…

…en un ambiente muy contrastante: la naturaleza desborda de belleza, por todas partes hay enormes plantas, todo verde, lleno de vida, pero también la realidad es muy dura: cuando llueve los niños no pueden salir, los senderos se transforman en ríos, muchas veces falta el agua, no en todas partes hay electricidad…   

Valores 

Nunca encontré ningún nicaraguense que me dijera “no tengo tiempo”.  La gente tiene preocupaciones, problemas, hay dificultades, pero no dedica un largo tiempo para quejarse o expresar el desencanto por alguna razón. Hay hombres y mujeres muy valientes, generosos, alegres, trabajadores, que saben apreciar los valores de su cultura, el trabajo, la artesanía, la familia, el folclore, las tradiciones. “Somos Nicas…” 

Misión desde la evangelización 

Creo que este tema me impresionó más. Partiendo de la observación de la realidad (por dónde, cómo vive la gente y qué acceso tiene a los lugares de culto), me dí cuenta como las hermanas y otros religiosos viven siempre “en salida” hacia los demás ofreciendoles espacios para celebrar la Palabra. Tuve la oportunidad de visitar algunas comunidades bien distantes del centro parroquial al norte del país donde las misas se celebran, si los ríos no desbordan cerrando el acceso, una vez al mes o con menos frecuencia. Los Misioneros Claretianos cuidan la formación bíblica en comunidades bien perdidas por los cerros y proponiendo cursos biblicos para los delegados de la Palabra. Todo esto nuevamente me hizo ver que realmente es la Palabra que nos congrega, nos convoca, hace de un grupo una comunidad que vive y celebra la fe. 

Vivir agradecidas 

Solamente desde la actitud agradecida, pienso, se puede “buscar y hallar a Dios en todas las cosas” (San Ignacio), ya que hemos sido creados para alabar y servir a Dios. Desde allí puedo vivir en alerta y estar abierta a la confrontación de mi estilo de vida como Carmelita Misionera con los sentimientos de Jesús- Hijo y Maestro, la Palabra por excelencia.  

Agradezco de todo corazón al Consejo de la Provincia de Europa y a mi comunidad de Cracovia por haber podido hacer esta experiencia misionera fuera de mi continente.

A Hna. Sonia y su Consejo de la Viceprovincia de Centroamérica y el Caribe por la acogida y por enseñarme algo de esta parte del mundo tan variopinta y que vale la pena conocer y amar.

Gracias a la comunidad de Chiquilistagua: hnas. Lucy, Lourdes, Ana Josefa, Roxana, Sarah Ann, por compartir la vocación y el carisma sin reserva, a tope, al 100%.

Y, como no, a los laicos- colaboradores con las Hermanas de Chiquilistagua, al grupo CMS, a los Padres Franciscanos y Claretianos- gracias por su testimonio de implicarse por tejer lazos fuertes de corresponsabilidad y colaboración con el Carmelo Misionero en Nicaragua.

Bárbara Podgórska, cm